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El futuro nos está esperando ¿VERDADERO O FALSO?

Foto del escritor: Julián Eduardo MalcónJulián Eduardo Malcón

Actualizado: 18 feb 2023


Muchas veces escuchamos decir que el futuro nos está esperando.

Suena a invitación para prepararnos, como si alguien nos aguardara en la puerta de nuestra casa para salir.

Esa concepción alude al futuro como un tiempo al cual nos dirigimos de manera inexorable y es como si se nos llamara la atención sobre su inminencia.

La respuesta sería, entonces, vamos a afrontarlo. Ir a por él!



La primera cosa que se nos ocurre ante esta impulsión es reflexionar sobre el futuro.


¿Qué es el futuro?


El historiador alemán Reinhart Koselleck, en el libro que se convirtiera en un clásico, "Futuro-Pasado", propuso considerar dos categorías históricas que denominó espacio de experiencia y horizonte de expectativa. Ambas categorías se entrelazan en el presente:

[…] la experiencia es un pasado que se hace presente, cuyos acontecimientos han sido incorporados y pueden ser recordados. [p.338]

El espacio es sólido y denso. En él todos los hechos ocurridos están contenidos y acumulados. Si bien es posible datarlos y ordenarlos, los sentimos en el presente como un aglomerado. Sobre lo muy lejano casi no hay discusiones (o no hay elementos en que afirmarse para discutir). En el espacio de experiencia reciente pueden haber distintas interpretaciones según las diferentes miradas en la sociedad. Sin embargo, esas diferencias sobre la trayectoria que nos trajo hasta aquí pueden trazarse y ser parte de ese espacio que involucra al presente, que es tiempo en el que pensamos y existimos. Todo lo conocido está allí y lo primero desconocido es nuestro próximo latido y nuestra próxima respiración.

[…] la expectativa: está ligada a personas, siendo a la vez impersonal, también la expectativa se efectúa en el hoy, es futuro hecho presente, apunta al todavía-no, a lo no experimentado, a lo que sólo se puede descubrir. [Ídem]

El horizonte de expectativas es así múltiple, segmentado, tiene huecos sobre aquellas cosas en las que no tenemos una expectativa hacia adelante porque no las hemos reflexionado y, sobre todo, que no sabemos cómo van a ser. Trata sobre lo que aún no es pero puede ser en el corazón de cada persona a través de lo que desea. Como el horizonte, parece que lo vemos pero cuando avanzamos hacia él se corre, se aleja, y parte de la expectativa que teníamos se transforma en experiencia (haya confirmado o no lo que pensábamos antes, es experiencia).


A partir de la inspiración que cada vez que leo a Koselleck me transmite, se pueden hacer varias reflexiones. Me interesa destacar al menos cuatro:

  1. la experiencia que se extiende en el espacio hacia atrás, nos ayuda a entender muchas cosas y nos permite apoyarnos para proyectarnos, pero no debería determinar el futuro

  2. hay un futuro individual, que es expectativa de lo que queremos que sea y puede llegar a ser pero aún no es

  3. hay un futuro colectivo que es el resultado de las interacciones individuales, pero es difícil hablar de una única expectativa global

  4. el presente, como lugar en el que confluyen la experiencia pasada y la expectativa futura, es un lugar de acción, además de reflexión. El presente es el campo en el que cada uno de nosotros toma decisiones, sobre lo que aún no pasó pero queremos que pase.


Conclusiones parciales

(ya que no pueden ser de otra forma)


Aceptar que hay un futuro que nos aguarda es como creer que el futuro está escrito o, al menos, en manos de otros más poderosos o influyentes.

Como decíamos en nuestra anterior entrada del blog, si bien no podemos crear todo el futuro ni en ciertos aspectos determinar completamente el nuestro, podemos influir positivamente para que lo que deseamos a nivel personal, familiar o profesional se concrete en todo lo que sea posible. Es lo que toda la vida hemos estado tratando de hacer, aunque no seamos plenamente conscientes de ello.


¿Y qué pasa con las empresas y organizaciones?


El camino es el mismo: elegir el futuro deseado, poner la intención en construirlo, identificar las acciones necesarias y ponernos a trabajar desde el presente con confianza y mucha dedicación. Apoyándonos en nuestra experiencia y en las capacidades que en el trayecto hemos adquirido.


Entender que un futuro común, como es el de una organización, involucra a otros.


Reconocer nuestra fragilidad e interdependencia y compartir la construcción, haciendo participar a quienes forman parte del ecosistema en el que actuamos y que quieren el mismo futuro.


Esa construcción colectiva o social del futuro implica una participación desde la formulación de la expectativa, la apropiación por parte de los actores y también el compartir los éxitos y disfrutar de los beneficios al alcanzar las metas que nos propusimos.

Nos acercaremos, definitivamente, a lo que deseamos.


Esperar por el futuro es ser pasivos.

Adaptarse al futuro que nos toque es ser reactivos.

Prepararnos para el futuro es apenas ser pre-activos.


Construir el futuro que queremos es ser proactivos y asumir nuestra responsabilidad por nosotros y por nuestro entorno.


El futuro no nos espera. Vamos a hacerlo!

Esa es nuestra propuesta.

¿Qué opinas tú?


Referencia bibliográfica:

Koselleck R. Futuro Pasado, Barcelona: Paidós; 1993



 
 
 
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